En contextos marcados por distintas formas de violencias como la conflictividad, desigualdad o fragmentación social, la construcción de paz requiere cada vez más herramientas capaces de aterrizarse en la escala territorial. Sin embargo, las agendas de paz suelen formularse desde marcos nacionales o institucionales amplios, dejando en segundo plano el papel de las ciudades, los gobiernos locales y los actores territoriales. En Buenaventura, este desafío adquiría especial relevancia por la persistencia de violencias urbanas, desigualdades históricas y retos de gobernanza que exigían traducir la paz en una agenda territorial concreta, conectada con las capacidades locales y con aprendizajes internacionales.